La educación obligatoria y el optimismo acerca del progreso
Es un proyecto optimista que debe
ser extensible a todos, en tanto que se apoya en los valores de la racionalidad
y de la democracia, que eleva la condición humana.
La creencia en el principio de que todos son educables en alguna medida
La primera manifestación del
optimismo que se deriva de la idea de progreso se expresa en haber convertido
la educación obligatoria en un derecho de todos, lo cual implica el supuesto de
que todo ser humano puede mejorar, puede ser educado y, por tanto, tiene que
recibir educación.
El incremento del nivel de
escolarización de la población se relaciona con la mejora de otros indicadores
sobre el consumo de cultura y sobre la calidad de vida.
Proyecto moderno de educación es
optimista acerca de las posibilidades de la naturaleza humana, la ubicación del
individuo en la sociedad y en el mundo queda a merced de lo que él haga y
construya, la educación moderna lleva consigo la promesa de liberar al hombre
de las limitaciones de su origen, porque, desde esa mentalidad progresista, si
no admitimos este carácter contingente, mudable, de las condiciones en las que
nacen y se desarrollan los seres humanos, no hay lugar para el optimismo
pedagógico.
El mundo puede mejorar, es porque
también pueden hacerlo de algún modo los individuos. Para que esta idea pueda
sostenerse necesita de otra certidumbre, también optimista: la de que los
límites de las capacidades psicológicas del individuo no vienen dados desde su
nacimiento.
Todos deben ser educados, protegerlos
de las influencias que coarten el desarrollo expansivo natural o para
proporcionarles los “materiales” para su desenvolvimiento. Un determinante
mandato para los profesores y para las escuelas en la educación obligatoria, un
revulsivo contra la mentalidad selectiva, jerarquizadora y determinista. La
escuela es una institución que quiere guiar ese desarrollo de acuerdo con
planes y directrices propios. Nueva base democrática de la educación
obligatoria bajo el pensamiento moderno. Si no se cree en que todos puedan
“crecer”, en el sentido de acrecentar sus habilidades y capacidades, la
universalidad de la educación obligatoria pierde su fundamento más digno. La
educación escolar no es una influencia espontánea, sino dirigida por la
reflexión de los seres humanos que la rigen, que es asumida, encarnada y
moldeada por cada profesor. La docencia no es un trabajo cualquiera, pues se
suma al proceso de humanización, a la realización de una utopía que lleva a los
sujetos y a la sociedad más allá de donde el profesor se los encuentra. En la
escuela obligatoria todos deben.
Un camino para la igualdad y para la inclusión social
La educación no es un omnipotente
medio para la supresión de las desigualdades cuyo origen está fuera de las
escuelas y que son previas a la escolarización. Las teorías sociológicas de la
reproduccióni2 han constatado el efecto que tiene la escuela para propagar las
desigualdades sociales, lo que ha podido conducir a una falta de ánimo y de
empuje para atisbar alternativas educativas.
Recibir o no educación es
condición para la participación en la sociedad, Las sociedades son hoy, además,
cambiantes; presentan a los individuos panoramas variables y condiciones de
vida en las que resulta difícil asentarse de una vez para siempre, exigiéndoles
cambios y adaptaciones constantes. Las sociedades son hoy, además, cambiantes;
presentan a los individuos panoramas variables y condiciones de vida en las que
resulta difícil asentarse de una vez para siempre, exigiéndoles cambios y
adaptaciones constantes. La desigualdad implica distancia entre unos y otros,
la exclusión supone un alejamiento irrecuperable, la degradación del excluido,
que pasa a la categoría de negado. Ser más o menos educado, haber disfrutado o
no de la escolarización, es un problema de poder ser, estar y sentirse como
sujeto que
La virtualidad más significativa
que hoy desempeña la educación para todos es la de la inclusión. Si no se dan
las condiciones mínimas necesarias para que las desigualdades puedan comenzar a
corregirse, no sólo estamos ante un problema de injusticia, sino ante el abismo
entre seres humanos que no sólo discrimina a los desfavorecidos, sino que los
aparta definitivamente de la sociedad.se sabe a sí mismo actor en la sociedad,
necesario e importante para algo y para alguien. La virtualidad más
significativa que hoy desempeña la educación para todos es la de la inclusión. Si
no se dan las condiciones mínimas necesarias para que las desigualdades puedan
comenzar a corregirse, no sólo estamos ante un problema de injusticia, sino
ante el abismo entre seres humanos que no sólo discrimina a los desfavorecidos,
sino que los aparta definitivamente de la sociedad.
¿Caduca la esperanza en el progreso apoyado en la educación?
En la historia y en la cultura, a
la idea utópica de progreso le ha acompañado la utopía negativa que estipula la
decadencia en la historia, en la cultura y en el progreso (HERMAN, 1998). La fe
y la esperanza en la educación escolarizada también cuenta con su particular
historia acerca de la falsedad de sus promesas, su decadencia, su inutilidad y
sus efectos perniciosos. La debilitación del proyecto progresista que supone la
educación obligatoria universalizada procede, sobre todo, del incumplimiento de
sus grandes objetivos y de las desigualdades que se producen en cuanto a su
logro en diferentes colectivos humanos.
INTEGRANTES:
Luis Felipe Aguiar Gonzalez
Nancy Yahaira Gutierrez Garcia
Eduardo Adolfo Sánchez Santos
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